Sin darme cuenta me encontré
a mitad de mi vida,
pero sintiendo que el camino
no era senda perdida.
De mis desiertos me he librado
todas las sierpes venenosas,
viven en huros escondidos
en los que tuve que guardar mis cosas.
Será ese seco aire plomizo,
sordo susurro abrasador,
fétido aliento y enfermizo
de un cadáver hedor.
No me siguieron alimañas,
no ví a los buitres ni a las hienas,
pero los cuervos me siguieron
que no son aves halagüeñas.
Ana Álvarez
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.